¿Os habéis fijado como los niños aprecian que
les contemos un cuento en cualquier momento del día? Les encantan los cuentos
porque es una forma ideal de aprender. Si miramos atrás en el tiempo, podemos
apreciar el gran valor que tenían los cuentos y las historias populares para
transmitir conocimiento y enseñanzas para vivir en sociedad.
El cuento es una de las bases para el
desarrollo intelectual. Al contarles una historia podemos lograr que entiendan
las cosas con más rapidez, que su cerebro trabaje con más certeza, se estimule
su memoria y sus ganas de expresarse.
Los cuentos infantiles son una buena forma de
crear un lazo de unión con los niños, fomentar su imaginación y su creatividad,
ahuyentar los temores y en muchos casos hacerles sentir más valientes al
inspirarse en sus personajes favoritos.
Como maestras de Educación Infantil también
tenemos varios momentos a lo largo del día para contar un cuento a nuestros
alumn@s. Podemos hacerlo de forma rutinaria y establecer una hora concreta
todos los días (antes de salir al patio, en la asamblea o antes de irse a
casa), o podemos elegir el momento en función de cómo se sienta el grupo. Los
cuentos son muy buenos para relajar a nuestros alumnos cuando están
especialmente inquietos.
Escuchar historias hace a los niños más
reflexivos ya que, en ellas, encuentran un mensaje que los lleva a comprender
la forma en que deben actuar y comportarse, aprenden a escuchar con atención y
a ser pacientes, fomentamos la empatía o capacidad para ponerse en el lugar del
otro.
Para los niños y las niñas de este tiempo, el
cuento continúa siendo un instrumento emocional y mágico en sus años de
escuela. Es un recurso claramente socializador, que dispone de una llave
especial para abrir la puerta de la lectura y de la escritura, e incluso de la
convivencia y de la tolerancia. Pero, sobre todo, su principal capacidad se
basa en que todavía es capaz de activar el aprendizaje de la lengua escrita.