06 noviembre 2018

Estamos en Otoño.

Resultado de imagen de abrigarnos con el frío. Los niños

  En las crudas mañanas de otoño, vestir a un niño antes de llevarlo al colegio es un quebradero de cabeza. Hace mucho frío y nos da miedo que las bajas temperaturas hagan mella en su salud y que un resfriado lo obligue a estarse  una semana en cama y perder clases. ¿Cuánto debemos abrigar a nuestro hijo cuando hace frío? ¿Es mejor pasarse o quedarse corto? 

Así que, por el bien del peque y de su rendimiento escolar, muchos padres forran literalmente a su hijo: varias camisetas, jersey, abrigo, guantes, bufanda, gorro, orejeras, polar... ¿Exageran o hacen bien? ¿Cuál es la medida exacta?

Pensamos que a los niños les afecta igual la temperatura, que a nosotros. Su "termostato" es igual que el de los adultos: sienten el calor o el frío con la misma intensidad que nosotros.
 Hay que tener sentido común: si tú no vas a la oficina en otoño o en invierno disfrazado de alpinista, tampoco tu hijo. Es más: en general, los niños son menos vulnerables al frío porque son más activos -corren, saltan, no paran- y eso mantiene más caliente su organismo.

 Los expertos en salud coinciden en que las zonas del cuerpo más sensibles a las bajas temperaturas son las manos, los pies y las orejas. Y, en particular, el viento frío afecta especialmente al oído medio. Por tanto, calcetines gruesos, guantes y un gorro que cubra las orejas o unas orejeras son elementos muy útiles para tu hijo en días crudos de invierno.
 ¿Es malo abrigarlos demasiado? Tampoco tenemos que preocuparnos en exceso si nos hemos "pasado": en ningún caso es perjudicial para la salud del niño. Eso sí, puede resultarle desagradable e incómodo, ya que sudará y el sudor permanecerá atrapado por las sucesivas capas de ropa. Debemos de  utilizar el sentido común: un poco menos abrigado, tu hijo saldrá a la calle igual de protegido y además estará cómodo.