COLEGIO SANTA ISABEL
(Alba de
Tormes)
Todo lo que se
refiere a la adaptación requiere un significado especial. El niño debe aprender
a convivir en un entorno distinto al que ha acogido hasta ese momento (el
familiar) y a relacionarse de forma
diversa a como lo ha hecho hasta ahora. La necesidad de compartir personas
significativas, juguetes, espacios, etc., así como la separación de la casa y
de los padres.
El periodo de
adaptación es muy importante si consideramos todo el proceso que el niño ha de
construir desde una situación conocida, su ambiente familiar, a una
desconocida, el ambiente escolar. Ambos ambientes están constituidos por
códigos de relaciones, espacios, materiales, personas y organizaciones
particulares y distintas.
En el fondo, además del desconocimiento del nuevo
ambiente, concurren procesos afectivos complejos en los que el niño esta
inmerso: me refiero a la separación de las personas queridas, a la
autoafirmación personal, a la adquisición de habilidades básicas de convivencia,
todas ellas de gran trascendencia en el proceso de socialización y construcción
de la persona.
Desde esta
perspectiva conviene recordar que cuando hablamos del periodo de adaptación me
estoy refiriendo al “trabajo” que el niño realiza, él es el protagonista y
artífice de un proceso personal con variada duración en el tiempo, según cada
niño.
Este
desequilibrio, que se produce necesariamente al inicio de la escolarización es
cualitativamente de características peculiares para cada niño, dependiendo de
su manera de ser y de las circunstancias que condicionan este proceso. Es en
este sentido en el que se reflexiona, precisando la actitud de ayuda que se le
ha de prestar por parte del adulto, sus familiares y profesores.
La ansiedad,
la angustia, el miedo a lo desconocido, la pena y otros sentimientos de falta
de protección e inseguridad, de no saber qué pasará, cuándo volverán a por él,
el abandono y la soledad; todo esto es de muy variada y difícil expresión.
Así, si la madre vive con
dificultad este momento, el niño va a reclamarla con ansiedad, y va a vivir la
adaptación como algo inseguro y peligroso, dificultándose enormemente la
evolución del proceso.
El niño tiene sus propios sentimientos, pero
si estos coinciden con los de los padres supone, en su vivencia, una
confirmación, una constatación que va a estancar su evolución. Si un niño
acepta con desconfianza, con inseguridad, un Centro, y percibe en los adultos
en que se apoya, en quien confía, que
ellos lo ven igual, lo sienten igual ¿cómo puede confiar?, ¿cómo podrá estar
seguro?,¿no es fácil de entender que le invada una profunda angustia al
quedarse solo en un lugar tan dudoso?.
Por todo esto, es muy importante,
la relación previa y cercana de
la familia con el Colegio.