Los celos son un estado afectivo
caracterizado por el miedo a perder o ver reducidos el cariño y la atención de
alguien querido, porque la persona amada prefiera a otra. Este sentimiento
suele ir acompañado de envidia y resentimiento hacia quien se percibe como
rival. La persona con celos se considera menos querida que antes.
- La rivalidad entre hermanos es algo
natural e inevitable, que no tiene por qué darse del mayor hacia el menor.
- Se suele manifestar mediante muchas
conductas: rechazo o rivalidad hacia el hermano, romperle su material y
juguetes, buscar estar con el hermano para fastidiarle; insultarse,
ridiculizarse o amenazarse, llegando a veces a las manos, chivarse de conductas
del otro. Aunque vaya acompañado de un cariño sincero. La idea romántica de dos
hermanos que lo van a compartir todo no siempre es real.
- También se muestra en una vuelta a
conductas más infantiles: imitar el lenguaje del pequeño, tartamudeo, pedir
papillas, dormir en la cuna, el chupete, pedir ir a la cama de los padres, etc.
También, conductas como lloro frecuente y sin motivo aparente, preguntas
alusivas a sí se le quiere.
MEDIDAS QUE PUEDEN AYUDAR
- Establecer normas claras y concretas en
casa para todos.
- Propiciar actividades en las que
colaboren todos.
- “Hacer familia”: juegos en común,
excursiones, viajes, tertulias...Crear un clima familiar en el que predomine el
amor y la confianza, compartir con los hijos todos los acontecimientos
haciéndoles partícipes de proyectos comunes, ilusiones, valores de la propia
familia.
- Tratar con afecto y atención frecuentes
a los hijos para que perciban que son queridos.
- Evitar la comparación y la
competitividad entre los hermanos.
- Evitar la intromisión frecuente en sus
conflictos, siempre que no haya agresión.
- NO prestar atención ni “recompensar” al
hermano “chivato”.
- Evitar que el mayor asuma siempre la
responsabilidad del cuidado.
- Cada uno merece un trato diferente, por
tanto evitar tratar a todos por el mismo rasero, explicando el porqué del trato
diferencial.
- Fomentar la cooperación entre los
hermanos: en las tareas de la casa, recados,en el juego...
- Respetar el espacio de juego e intimidad
de cada hijo.
- Elogiar los comportamientos deseados sin
comparar.
ANTE LA LLEGADA DE UN NUEVO HERMANO
- Hacer partícipe a los hijos de las
tareas que conlleva la llegada de su hermano: preparar la cuna y habitación,
adquirir la ropa...
- Valorar a los hijos tras la realización
de estas tareas.
- Resaltar la importancia de tener
hermanos y de la felicidad que esto comporta en el juego, en las labores
diarias, en la alegría de la casa...
- Advertir a los familiares que en las
visitas eviten expresiones negativas del tipo: "ahora si que vas a tener
que compartir", o parecidas. Así mismo incitarles a que sus expresiones hagan alusión
a aspectos positivos referidos al nuevo hermano: "te vas a divertir mucho",
"con un hermano vas a poder jugar cuando se haga un poco más grande"
etc.
- Debemos evitar con el mayor la
coincidencia de iniciar en el colegio cuando nace otro hermano. Es preferible
adelantar o retrasar esta entrada para que no asocie: nace mi hermano = salgo
de casa.
TRAS EL NACIMIENTO DEL NUEVO HERMANO
- Evitar frases que recriminen sus
acciones: "No lo toques", "Aléjate que no me fío de ti",
"Que se te va a caer"..
- Estimular con expresiones positivas todo
acercamiento: "Qué bien lo cuidas" "Eres muy responsable",
"Ven que lo vas a bañar muy bien".
- Buscar espacios para atender de forma
preferente a los hermanos en el momento del nacimiento del nuevo bebé y en el
período posterior.
-Las personas adultas solemos dirigirnos
rápida y casi exclusivamente al recién nacido, relegando la atención a los
demás hermanos; sin embargo, son éstos los que pueden manifestar conductas
celosas y no el recién nacido que no es consciente del momento.
- Valorar a nuestros hijos delante de
familiares y visitas, tratando de omitir todo comentario negativo sobre ellos.