En la
granja escuela donde trabajo me entero de las cosas que pasan en las escuelas y
parece que ha nacido un nuevo tipo de padres: los padres drones.
Me
explican de los padres que quieren decidir con quién se sienta su hijo en
clase; de los que prohíben al profesor que un compañero se acerque a menos de
10 metros de su hija; de los que quieren que el maestro justifique por qué se
cayó su pequeño en el patio, o los que deciden qué días deberían poner los
deberes para combinarlos con sus extraescolares.
Me hablan de los padres que se
creen a la criatura antes que al profesor, de los que exigen que en las
colonias de dos días se les lave el pelo con jabón y suavizante...
Con tanto
padre y madre dron, revoloteando cada minuto del día y controlando hasta el más
mínimo detalle, debe resultar difícil ser niño o niña hoy en día, ¿no? Qué
agobio, es como si tuvieran una cámara enfocándolos y obligándolos a hacer y
ser siempre correctos.
Difícil que los pequeños se equivoquen, el dron está
allí para controlar que eso no suceda. Ni un momento de libertad parece su
destino. ¿Y cómo debe sentirse el profesor/a? ¿Alguien se lo ha preguntado?
Confiemos en nuestros profesores, saben lo que hacen. Y cuidémoslos, porque lo
necesitan.
CRISTINA GUTIÉRREZ. Santa Maria
de Palautordera
La
Vanguardia. 28/10/2015